Párroco Francisco.
(...) Se abrasaron, casi llorando. Ahora los ataba otro
círculo: la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidarla.
Pero nada salió como ellos pensaban, había un hombre que sospechaba de
ellos e investigaba acerca de sus dudas.
Este señor de unos cuarenta y tantos de años, el cual era un ser bueno,
amable, carismático al que todos los vecinos conocían como el párroco del
pueblo y que nadie imaginaria que investigaría sobre el paradero de Juliana que
para todos era una joven como cualquier otra. Pero para Francisco no era así,
ya que él conocía su historia, problemas y miedos, causados por la situación
que padecía al convivir con los hermanos Nelson.
Ella le contaba en sus confesiones al padre que su marido no la quería,
que no le daba importancia, no la cuidaba, tal era el punto de su desprecio que
permitió que su hermano este con ella. Ésto llevo a que los hermanos discutan,
tengan discordias, se enfrentaran por su causa. Le confesaba que pasaba noches
enteras llorando, aterrada de lo que le podía llegar a ocurrir.
Juliana concurría todos los días a la iglesia a dar su confesión.
Los días pasaban y ella no aparecía por el templo, lo que llevo al cura
a dudar más de los hermanos.
Después de un tiempo Cristian el mayor de los hermanos no pudo con la
culpa y fue a confesarse, contándole que mató a Juliana y que su hermano lo sabía, como se lo contó
en secreto de confesión el padre no pudo decir ni hacer nada.
-Logran Jesica
-Gelvez Camila
-Wilvers Florencia
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